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SCGE | Buena práctica destacada

Publicado el lunes 14 de octubre, 2019

Escrito por Olga León, directora académica Liceo Javier, Guatemala y facilitadora del SCGE.

Un anuncio publicitario usó la frase: “La vida está hecha de momentos”; con las fotografías que la acompañaban, se percibía la intención de exaltar la felicidad para convencer al consumidor. No cabe duda que en Puebla vivimos momentos de alegría, pero no aquella hedónica del deleite superficial (la de los anuncios), sino la honda, la de “estar” en plenitud con el prójimo.

El encuentro de homólogos académicos y de pastoral tenía el objetivo de: Analizar las variables que deben ser priorizadas para afectar positivamente la calidad educativa y el aporte social, pero ¿cómo logarlo? No basta con reunir a la gente. Se usó una metodología que propició el compartir de tres maneras: primero, la de escuchar a aquel que ha avanzado y conoce más sobre un tema determinado; segundo, reunirse en grupos entre países, para compartir las reflexiones y experiencias; tercero, afianzar, dialogar y discutir entre pastoralista y académico de un mismo colegio. Cada momento finalizaba con pausas ignacianas para la evaluación. Esta metodología, no sólo era activa, sino también “humanizaba”, para conocernos, para valorarnos, para querernos…

En esta tercera manera de aprender, la del compartir entre directores de pastoral y académico se tendieron puentes. Se afianzó la idea que ambos forman parte de una misma cordillera, pero a veces, los ritmos de los colegios hacen que los caminos para conectar las montañas sean sinuosos. Comprendimos que la calidad educativa depende de la unión, con una misión común y un actuar cohesionado. Algunos como buenos ingenieros, ya tienen los planos, otros cuentan con los cimentos, y lo mejor, los que no tenían nada ¡Tienen el deseo/sueño! La primera fuerza que lleva a la construcción.

Los desafíos son numerosos. Hay que reflexionar en nuevas maneras de organización, hay que atreverse a pensar en hacer las cosas de forma distinta, hay que aprender a dialogar con asertividad, inclusive, hay que descubrir a qué renunciar para dar cabida a los nuevos retos… pero no con preocupación que inmoviliza, sino ocupándose (con felicidad genuina) sobre un cambio que conlleve a priorizar la calidad educativa y su aporte social. 

FLACSI ha trabajado sobre un Sistema de calidad educativa, por tanto, surge la pregunta ¿Qué desafíos pone en relieve este encuentro para los centros que lo implementan? El sistema parte de la auto mirada, o sea, cree en el poder de la metacognición grupal para autoregular los procesos de aprendizaje institucional. No se impone lo que hay que hacer, no hay respuestas absolutas, cada institución educativa debe decidir sus caminos. Este ejercicio que comienza con la reflexión, pasa a un proyecto que conlleva a la implementación, ya no puede desligarse de lo descubierto en Puebla: la necesidad de cohesionar el trabajo entre la dirección académica y de pastoral. La calidad y mejora continua también dependen de este vínculo. Por tanto, debe ser tomando en cuenta como eje transversal transformador.