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Boston: “Identidad Jesuita a la luz de la 70° Congregación de Procuradores” Daniel Huang SJ

Publicado el Lunes 27 de Agosto, 2012

Informe desde Nairobi: reflexiones sobre la identidad jesuita de la 70 Congregación de Procuradores

 

Daniel Patrick Huang, S.J.

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Hace unos años, tuve el privilegio de encontrarme con algunos jesuitas de incógnito en un país asiático, en que, debido a la delicada situación política, permanecían en el anonimato. Fue una experiencia impresionante. Estos jesuitas eran relativamente jóvenes, en los cuarenta. Eran conocidos como sacerdotes diocesanos, y todos tenían puestos de responsabilidad en su diócesis. Nadie en la diócesis sabía que eran jesuitas excepto su obispo. Tuvimos que encontrarnos en un restaurante anodino un poco alejado de la ciudad donde trabajaban, por su seguridad,-y por la mía también, supongo.

Hay varias cosas que me llamaron la atención de este puñado de hombres admirables. Lo primero fue el hecho de que, aunque no podían identificarse públicamente como jesuitas, había algo implícitamente jesuita en ellos. Se contaban entre los sacerdotes más respetados de su diócesis, conocidos por su dedicación y excelencia en el ministerio y la predicación. Eran conocidos por ser hombres espirituales que vivían sencillamente y porque se les podía confiar tanto la formación de sacerdotes diocesanos como las finanzas. En un momento de crisis, fue uno de estos jesuitas ocultos el que ayudó al obispo a alcanzar un principio de acuerdo con las autoridades, y mantuvieron unida a la comunidad católica frente a las amenazas.

En segundo lugar, me pregunté por qué estos hombres eligieron seguir siendo jesuitas donde no había ninguna ventaja en ser miembros de la Compañía. Al contrario, se habían puesto en una situación de riesgo al elegir identificarse, aunque secretamente, como jesuitas. Cuando les pregunté durante la cena sobre sus razones, no ofrecieron complicadas respuestas sobre costes y beneficios. Todo se reducía a sentirse llamado por Dios.

Tercero, cuando les pregunté lo que podría hacer la Compañía para ayudarles, su respuesta fue muy simple. Querían dos cosas: más formación y más oportunidades de experimentar la vida comunitaria.

Quería comenzar estas reflexiones con la memoria de estos hombres, estos hermanos nuestros, que en este mismo instante, sin drama ni fanfarria, anónimos en el mundo, están en realidad, siendo jesuitas heroicos. Creo que nos recuerdan que la identidad jesuita no está construida principalmente sobre etiquetas públicas, sino en torno a un espíritu, una forma de vivir y servir en compromiso, libertad y coraje. No es una “marca” exterior, sino una respuesta profunda a una llamada interior de Dios. Ellos me desafían a valorar hasta qué punto aprecio mi identidad jesuita, si lo considero algo digno de protección, incluso sin prestigio u honor, o, peor aún, en peligro. También me recuerdan que debo seguir profundizando en la formación y el apoyo continuo en la comunidad. Por último, en esta fiesta de San Ignacio, estos hombres me ayudan a recordar con gratitud que el espíritu de Ignacio vive hoy, incluso en medio de circunstancias muy difíciles, y que es un espíritu que marca la diferencia, para bien, en este mundo.

Nuestra ocupación esta mañana es reflexionar sobre cómo podemos también sostener y profundizar ese espíritu ignaciano en nuestras instituciones, a la luz de nuestros propios retos y dificultades, así como nuevas posibilidades y esperanzas. En realidad, sin embargo, este es un tema sobre el que vosotros sabéis más que yo. El tema de la identidad jesuita en nuestros colegios -cómo diferenciar esta identidad, cómo promoverla; cómo crear programas de formación, instrumentos de evaluación, proceso de mecenazgo, etc- todo esto por lo que habéis luchado y en lo que habéis conseguido grandes y significativos progresos en los últimos años. Creo que no es osado decir que en ninguna época pasada nuestros colegios han sido tan conscientes, insistentes y eficaces en promover la identidad jesuita, ignaciana, como hoy.

            Por lo tanto, mi objetivo es muy modesto. Veo mi presentación de esta mañana como una ayuda, un estímulo a la reflexión, si se quiere, en la preparación de los talleres más importantes de esta tarde, cuando tendréis la oportunidad de compartir vuestra experiencia, logros, desafíos y esperanzas, en la promoción de la identidad jesuita en los colegios. También os gustará saber que no tengo la intención de rehacer documentos que todos conocéis ya. En cambio, os invito a viajar conmigo de Asia a África, a la 70 Congregación de Procuradores, celebrada hace dos semanas en Nairobi. Me gustaría proponer diez puntos para la reflexión, diez temas, diez conjuntos de preguntas, relacionados con la identidad jesuita y la misión de nuestras instituciones que surgieron, en mi opinión, de esa importante reunión internacional de la Compañía de Jesús.

La 70ª Congregación de Procuradores

Lo primero, una palabra sobre esta Congregación de Procuradores. ¿Qué es una Congregación de Procuradores? Como sabéis (o no), todas las órdenes religiosas tiene capítulos o reuniones internacionales estipuladas en sus constituciones. La Compañía de Jesús no, porque Ignacio no quería perder tiempo en demasiadas reuniones internacionales, porque las veía como una distracción del ministerio. Sin embargo, en las Constituciones, Ignacio estipulaba que regularmente, acudieran personas de las distintas Provincias a informar al General. En tiempos del tercer General, San Francisco de Borja, esta estipulación se formalizó como Congregación de Procuradores, que consistía en reunir representantes de cada Provincia cada tres o cinco años para hacer precisamente eso: dar información al General sobre el estado de la Compañía.

Los Procuradores son elegidos en las Provincias para dar una voz diferente del Provincial y comunicar su perspectiva de cómo van las cosas en la Provincia. Cada Procurador visita las comunidades y obras de la Provincia e informa directamente al P. General. En cierto modo, es como una auditoría interna. Quizás es una estructura que todos los Presidentes y Directores que estáis aquí desearíais introducir en vuestros colegios.

Cuando llegan a la Congregación, los Procuradores tienen dos funciones relacionadas: debatir, bajo el liderazgo del General, el estado de la Compañía de Jesús y otras preocupaciones universales; y, fundamentalmente, discernir si procede convocar una Congregación General o no. Esta CP votó NO convocar Congregación General.

En cierto sentido, sin embargo, ese voto no es lo más importante de la Congregación de Procuradores. Quizás son más significativos los debates sobre el estado de la Compañía. Durante esta Congregación, hubo cuatro momentos clave de reflexión y debate. En primer lugar, el General pronunció el “De statu Societatis Iesu“, el Estado de la Compañía de Jesús. Después de escuchar al General, los procuradores se dividieron en grupos para discutir el De Statu, y para plantear problemas y preguntas relacionadas con lo que el General había dicho o lo que podía haber dejado de decir. Se plantearon cerca de 90 preguntas, que un grupo de nosotros sintetizó  en 42. Al día siguiente, el P. General respondió a las 42 preguntas.

En segundo lugar, hubo un día de reflexión sobre la misión jesuita hoy. El P. General ha creado tres nuevos secretariados para animar tres dimensiones de la misión que cree que deben estar presentes en todos los ministerios jesuitas de cualquier clase: la promoción de la fe, la promoción de la justicia y la colaboración. Un día se reflexionó sobre las luces y sombras de la Compañía en estos campos hoy en día, y se prepararon recomendaciones para el P. General y la Compañía.

Tercero, hubo un día dedicado a un relativamente nuevo entendimiento de la vida comunitaria en la Compañía. La comunidad jesuita ha sido tradicionalmente descrita como una comunidad para la misión. La CG35, sin embargo, insiste en que la comunidad jesuita no solo es para la misión, sino que es misión en sí misma. La forma en que los jesuitas vivimos juntos no es un anexo o un apoyo a la misión, sino que debería verse como un elemento constitutivo de la misión. Los procuradores reflexionaron sobre la forma en que este nuevo paradigma de la comunidad ha calado en la Compañía: las mejores prácticas; sombras y retos; y terminó, como siempre, con recomendaciones.

Finalmente, hubo un día enfocado en África y Madagascar. La CG35 afirmó que la Compañía de Jesús tiene cinco preferencias apostólicas universales: es decir, cinco retos apostólicos que son tan significativos y tan complejos que ninguna provincia o región por su cuenta puede atender adecuadamente si no es uniendo los recursos y dedicación de toda la Compañía. Estas cinco preferencias universales son: las Casas Romanas, el apostolado intelectual, los desplazados (refugiados e inmigrantes), China y África. La CP70 se ha celebrado en Nairobi precisamente para destacar África como preferencia universal de la Compañía. Tres jesuitas africanos hicieron breves pero sustanciales presentaciones sobre África. Los procuradores pasaron un día aprendiendo sobre África -o quizá, más importante, desaprendiendo estereotipos y prejuicios- y reflexionando sobre los dones y oportunidades de África y Madagascar para la Compañía Universal y la Iglesia.

Podría añadir que la decisión del P. General de celebrar esta Congregación en Nairobi ha sido histórica -la primera Congregación de la Compañía en casi 500 años fuera de Europa! El 65% de los jesuitas en formación hoy en día son de África y Asia. El futuro de la Compañía “va a ser muy diferente de lo que hemos estado acostumbrados en los últimos siglos… [y] estamos aquí en África, precisamente, para experimentar este cambio, para reflexionar sobre ello, y para celebrarlo!”. Y lo celebramos. El P. General resumió la experiencia maravillosamente cuando señaló que, mientras que en Oriente, en Asia, ha habido un enfoque en la espiritualidad del camino, y mientras que en Occidente, ha habido una pasión por la verdad, hemos experimentado en África lo más importante de todo: la vida, que significa energía, esperanza, alegría. Puesto que Jesús es el camino, la verdad y la vida, tenemos que profundizar este intercambio de riqueza entre los continentes, para que podamos llegar a la plenitud, la totalidad de Cristo.

Es desde el De Statu del P. General y estos debates de la Congregación desde donde propongo los siguientes puntos. Esta es una síntesis totalmente personal, y no tiene ningún  carácter oficial. Me pregunté qué cosas de lo que discutimos en la Congregación podría tener relevancia o implicaciones  en la identidad jesuita de nuestras escuelas. Es probable que haya otras, pero me gustaría compartir con vosotros diez puntos.

Diez puntos de reflexión

1. Instrumentos apostólicos: En primer lugar, creo que es significativo que, en la sección de los apostolados jesuitas en el discurso de Statu, el P. General presentó cuatro desafíos, y el último “tiene que ver con la identidad católica y jesuita de nuestras obras.” El P. General señaló que el informe de los procuradores decía que se está haciendo mucho para “aclarar y fortalecer” la identidad católica y jesuita de nuestras instituciones. Sin embargo, un gran número de procuradores todavía siente que queda mucho por hacer, y el P. General indicó que está de acuerdo con este juicio, sobre todo a la luz de tres factores: la expansión de las instituciones, la creciente secularización de las culturas, y el hecho de que nuestras instituciones funcionan en contextos mucho más competitivos, -la competencia como sabéis, que a veces se basa en criterios que no son necesariamente los que las escuelas jesuitas deberían considerar más importantes.

Lo que es más interesante para mí, sin embargo, es la forma en que el P. General enmarcó la cuestión de la identidad católica y jesuita. Dijo: “Esto no es una cuestión de control o poder, sino de cómo y si nuestras instituciones siguen siendo sobre todo instrumentos apostólicos, claramente sobre su objetivo principal de servir a la misión de la Iglesia y de la Sociedad.”

El criterio esencial entonces para juzgar si una institución vive verdaderamente su identidad jesuita es que se entiende a sí misma principal y operativamente, ante todo, como un instrumento apostólico, al servicio de la misión de la Iglesia y la Compañía de Jesús.

Un primer conjunto de preguntas, entonces podría el siguiente: ¿nuestras escuelas se entienden a sí mismas y funcionan sobre todo como instrumentos apostólicos? ¿Cuán extendida está la visión de que un colegio de los jesuitas no es sólo una institución académica, sino un instrumento para la misión de Dios, operativa y compartida por la órganos de dirección, profesores, personal, padres y alumnos? ¿Qué estamos haciendo para mantener esa perspectiva apostólica?

2. PROMOCIÓN DE LA FE: He mencionado antes que el P. General ha creado tres nuevos Secretariados para animar tres dimensiones de la misión. En realidad, sólo dos son completamente nuevos ya que ha existido un Secretariado asociado a la justicia social desde 1980. El Secretariado de Promoción de la fe se estableció en parte porque hay una sensación de que hemos supuesto demasiado esta dimensión de la misión en nuestras instituciones y obras, y que ha llegado el momento para darle una atención más explícita. Algunos de los factores que hacen la fe más difícil y amenazada en nuestro tiempo se han mencionado en los debates de la Congregación: el secularismo agresivo o la indiferencia general, los fundamentalismos, la percepción popular de que las religiones están relacionadas con la violencia o la intolerancia, la pérdida de credibilidad de la Iglesia en muchos lugares.

Curiosamente, algunos compartieron su impresión de que, si bien hemos tenido bastante éxito en nuestras escuelas en la promoción de la conciencia social y la responsabilidad, tal vez hemos tenido menos éxito en acercar a nuestros estudiantes a la fe: es decir, en introducirlos en el gozo de la amistad con Jesús en su comunidad, la Iglesia. Alguien sugirió que lo que está sucediendo en muchas de nuestras instituciones podría ser bien descrito como una “evangelización light”, y que esto no es suficiente para afrontar los retos de nuestro tiempo. Otra persona mencionó que, en su Asistencia, parece que hay una distinción muy clara entre sectores: las parroquias cuidan la promoción de la fe, los centros sociales se ocupan de la promoción de la justicia, y las escuelas… bien, se encargan de la educación.

De este modo, podríamos preguntarnos: ¿Cómo lo estamos haciendo en términos de promoción de la fe? ¿Cómo podemos ayudar a comunicar a aquellos a quienes servimos la alegría y la esperanza de la amistad y el servicio con Cristo en la Iglesia? En contextos no cristianos, en los que nuestra misión nos llama al diálogo interreligioso, ¿cómo podemos promover la fe? Una sugerencia que surgió fue que se le pidiera a cada institución hacer un Examen o una autoevaluación de sí misma en términos de su promoción de la fe. Este sería un ejercicio interesante, sobre todo si se hace con honestidad. Uno podría reunir las mejores prácticas y, al mismo tiempo, este proceso podría invitar a las escuelas para dar una atención renovada a la promoción de la fe como elemento primordial de su misión.

3. PUENTES HACIA Y EN LA IGLESIA.

Parte de la promoción de la fe consiste en llevar a las personas a conocer, amar, y encontrar su lugar en la Iglesia. En su De statu, el P. General subrayó el hecho de que la identidad jesuita, como la Formula del Instituto indica, está fundamentalmente vinculada al servicio de Cristo y de la Iglesia. Sorprendentemente, el padre. General, recordando que la CG35 habló de nuestra misión como reconciliación, señaló que todos los jesuitas y todas las instituciones de la Compañía deberían “construir y ser puentes en la Iglesia”, sobre todo en las Iglesias locales donde hay mucha polarización y división.

Un tercer punto de reflexión: ¿Cómo cerrar la brecha entre los jóvenes y la Iglesia, entre nuestra comunidad escolar y la Iglesia? ¿Cuáles son las dificultades que experimentamos en esta área y cómo estamos respondiendo a ellas? Como observó un procurador, si las personas a desarrollar un amor por la Compañía o los jesuitas, aparte de un amor a la Iglesia, uno se pregunta si hemos sido constructores de puentes, o si hemos intensificado las barreras.

4. COLABORACIÓN COMO MISIÓN: El Secretariado de Colaboración también es nuevo. En su De statu, el P. General señaló que, mientras que, en algunos lugares ha habido una evolución magnífica en la colaboración jesuitas-laicos, compartiendo espiritualidad, misión y liderazgo, en otros lugares, por desgracia, la colaboración no se comprende adecuadamente, hay una falta de programas de formación sistemática y sostenida de colaboración para jesuitas y laicos, y no hay lugar suficiente para el liderazgo compartido y la planificación. Por no mencionar el hecho más básico de que a algunos jesuitas les resulta muy difícil trabajar con cualquier otra persona, ya sea laico o jesuita!

Durante el debate también se reconoció un obstáculo en la colaboración, que es el clericalismo que existe en muchas partes de la Compañía donde ésta crece -un clericalismo compartido por laicos y sacerdotes. En algunos lugares, son los laicos los que no quieren que otros laicos asuman el liderazgo en el apostolado.

Sin embargo, surgió un bloqueo en la colaboración, tal vez más sutil y probablemente más potente: el entendimiento falso de que la colaboración no está en el mismo nivel que la promoción de la fe y la promoción de la justicia, porque la colaboración es simplemente una estrategia, un medio. Esta visión instrumental de la colaboración vería la colaboración principalmente como una adaptación estratégica a la vista de los números decrecientes de los jesuitas.

La CG 34 ya había aclarado que la colaboración es buena en sí misma, la encarnación y la práctica de la eclesiología del Vaticano II, una comprensión de la Iglesia en la que todos están llamados a servir a la misión de Dios, que es más grande que la misión de la Compañía.

Un cuarto punto de reflexión por lo tanto: en nuestras escuelas, ¿se considera la colaboración simplemente un medio o es valorada como una parte integral de la misión por sí misma? ¿Qué estamos haciendo para cambiar actitudes como el clericalismo o de una visión instrumentalista de la colaboración?

5. ANIMADOS POR UNA COMUNIDAD APOSTOLICA: Durante la CP, el P. General señaló varias veces que en muchos lugares, quizá la mayoría, la Compañía no hace funcionar nuestras instituciones de la forma en que lo hacía en el pasado, cuando una comunidad jesuita estaba directamente a cargo de un colegio, de su liderazgo y gobierno, y garantizaba la vertiente apostólica.

Por lo tanto, un punto interesante que surgió durante los debates fue la necesidad de pensar hoy en día en términos de una más amplia comunidad apostólica ignaciana, compuestas por jesuitas, otros religiosos, laicos, personas de otras religiones, todos compartiendo una profundidad de compromiso con la misión. Esta comunidad apostólica (no una comunidad en el sentido de personas que viven juntos) sería un grupo que ve la escuela principalmente como un instrumento apostólico y que protege y promueve esta dimensión apostólica. De hecho, se señaló que es posible que no sean los consejos de gobierno de las escuelas estas comunidades apostólicas. Un indicador de que la Compañía debería retirarse del patrocinio de una institución es si no es posible identificar esa comunidad apostólica en la institución o si esa comunidad apostólica no tiene ninguna influencia real en la escuela.

Uno se puede preguntar por lo tanto: ¿Cuál es la comunidad ignaciana apostólica en nuestras escuelas? ¿Quién la compone? ¿Cómo se sostiene? ¿Cómo se fortalece para hacer de la escuela un instrumento apostólico?

6. EL PAPEL DE LA COMUNIDAD DE LOS JESUITAS: Esta noción de una comunidad apostólica ignaciana más amplia responsable de un colegio plantea la cuestión del papel de los jesuitas y de la comunidad jesuita. Algunos señalaron que la presencia de colaboradores ha provocado verdaderos interrogantes sobre la identidad de los jesuitas. ¿Por qué ser jesuita si nuestros colaboradores en esencia puede hacer todo lo que hacemos?

Al mismo tiempo, si las comunidades jesuitas ya no son el “poder” en la escuela, ¿cuál es el papel de la comunidad jesuita? ¿Puede la comunidad jesuita segur pensando en un colegio como “nuestro”, la escuela, sobre el cual nosotros jesuitas esperamos tener algún tipo de control o palabra- sobre todo si la comunidad jesuita se compone de un número significativo de miembros mayores que pueden ser jubilados o no tienen trato directo con la escuela?

Han surgido dos respuestas relacionadas con estas preguntas. En primer lugar, el P. General señaló en su de Statu que la experiencia positiva de colaboración pone de manifiesto la necesidad para los jesuitas de “ser especialmente custodios del espíritu de Ignacio y de la Compañía.”

En segundo lugar, si, los jesuitas, vivimos la comunidad como misión; si nuestra vida en común se convierte en un testimonio del Evangelio para superar todas las fuerzas que dividen a las gentes en el mundo como la casta, tribu o raza, entonces es claro que la comunidad mantiene un papel, pero no es principalmente de poder, sino de acompañamiento y testimonio

Un sexto punto que podamos reflexionar: ¿Cómo debemos entender el papel que juega la comunidad jesuita en nuestros colegios? ¿Cómo entienden las comunidades jesuitas su misión dentro de la misión de la más amplia comunidad apostólica ignaciana? ¿Qué hay que hacer para cambiar mentalidades y actitudes?

7. CON LOS POBRES, PREOCUPADOS POR EL CAMBIO ESTRUCTURAL Y EL MEDIO AMBIENTE: La promoción de la justicia ha sido un punto fuerte en la Compañía en los últimos años. El P. General señaló que, entre las luces de la Compañía hoy está la realidad de que el servicio a los pobres toca todos los ministerios jesuitas, ya sean sociales, educativos, pastorales o espirituales. En particular, elogió las destacadas iniciativas para la educación de los excluidos en el sur de Asia, América Latina y los Estados Unidos.

Paradójicamente, sin embargo, en su De statu, el P. General también lamentaba el hecho de que, mientras la dimensión social de nuestra misión ha crecido en aceptación y práctica, al mismo tiempo, las comunidades de jesuitas que vivían con y como los pobres han disminuido en número. El P. General expresó su preocupación de que el contacto directo y la amistad con los excluidos parece haber disminuido, y exhortó a la renovación de la vida compartida con los pobres.

Además, durante la CP, algunos han señalado que, en los últimos tiempos, parece que ha habido una disminución en el sentido y la preocupación por las causas estructurales de la pobreza. Si bien la asistencia directa a los pobres es valiosa y necesaria, algunos sienten la necesidad de una renovada atención a las estructuras y el cambio estructural. En este momento de crisis económica, por ejemplo, algunos expresaron la necesidad y la esperanza de un análisis estructural más amplio, y el desarrollo de modelos económicos alternativos. Al mismo tiempo, otros destacaron la importancia de desarrollar nuestro sentido de justicia intergeneracional: tenemos la obligación de cuidar el medio ambiente no sólo para nosotros, ni siquiera sólo para los pobres que son los más profundamente afectados por los efectos de la devastación del medio ambiente, sino por el bien de las generaciones futuras.

Me pregunto si los comentarios del P. General acerca de las comunidades jesuitas podría aplicarse de alguna manera a nuestros colegios. A medida que hemos crecido en nuestro compromiso de formar hombres y mujeres para los demás, sirviendo a los pobres, ¿hemos crecido, al mismo tiempo, más alejados de los pobres? ¿Cómo se alienta y promueve la amistad con los más pobres? Al mismo tiempo, ¿cómo hemos ayudado a nuestros estudiantes a entender las raíces estructurales de la pobreza y la crisis ecológica actual y cómo hemos creado pasión por trabajar en su transformación?.

8. LA DIMENSIÓN DE LA UNIVERSALIDAD: En su De statu, el P. General recordó que una de las grandes contribuciones de la CG 35 fue su énfasis en una “perspectiva de mayor universalidad.” Como señaló el P. General, de los informes de los procuradores y de sus propias observaciones, se desprende en los últimos años, un feliz redescubrimiento en la Compañía de esta dimensión de universalidad, este sentido de que los jesuitas no pertenecemos a una provincia, sino a toda la Compañía. Entre los jóvenes, hay una mayor disposición a ser enviados para la misión en cualquier lugar del mundo donde hay necesidad.

Este modo de pensar más universal se ha concretado en la realidad de las redes apostólicas. El P. General ha señalado varias veces que el crecimiento de estas redes ha sido una evolución positiva reciente de la Compañía. Los muros entre provincias, que solían ser tan altos, se están rebajando cada vez más: hay una mayor cooperación entre provincias y conferencias, un mayor intercambio de recursos. Las agudas, incluso competitivas, diferencias entre los sectores ministeriales también se están disolviendo, según las redes de todo el mundo van unificando los diferentes ministerios en plataformas apostólicas o proyectos compartidos. El P. General puso como ejemplo cómo la respuesta a las preocupaciones ecológicas o de las migraciones ha unido a centros sociales, escuelas, parroquias y centros de espiritualidad, todos trabajando juntos para la misión.

Durante los debates sobre las redes, un punto interesante que se planteó fue lo poco que los de Asia, África y América Latina se conocen entre sí. Sabemos mucho más sobre Europa y los Estados Unidos, debido a nuestras historias coloniales. Por eso varios discutieron convincentemente sobre la necesidad de privilegiar y fortalecer las redes Sur-Sur y la cooperación.

Un octavo punto: ¿Hasta qué punto existe un sentido de misión universal en nuestros colegios? La mayoría de nuestros colegios son parte de redes o asociaciones educativas dentro de nuestras provincias o conferencias, pero ¿cuánto hay de intercambio de perspectivas, capacidades y recursos más allá de nuestros propios países? ¿Cuánta cooperación entre nuestras escuelas y  otros ministerios? ¿Qué se puede hacer para promover las redes Sur-Sur en la Compañía?

9. LA CREATIVIDAD DEL REINO: En 2014 la Compañía de Jesús celebrará el 200 aniversario de su Restauración. El P. General, en su carta de convocatoria de la Congregación de Procuradores, dijo que quería que el momento de la Congregación sirviera como forma de prepararse para la conmemoración de una nueva vida para la Compañía. Por tanto, pidió a los procuradores que reflexionaran sobre la creatividad en la Compañía.

El P. General introdujo el tema de la creatividad en su discurso final, mientras miraba hacia el futuro. Para él, la razón más profunda por la que estamos llamados a una creatividad incesante se debe a que tenemos una visión alternativa que nos ha dado Jesús: el Reino de Dios. Todo puede ser diferente si vemos el mundo en el horizonte de este Reino. Los cristianos se supone que son el pueblo del Reino, que son creativos porque no están satisfechos con nada en el actual estado de cosas, que no forma parte del plan de Dios. El énfasis de Ignacio en el Magis, bien entendido, también conduce a la creatividad, porque es la negativa a atarse a nada de lo que limita la venida del Reino de Dios.

Perspicazmente, el P. General contrasta el Magis con la competencia. El Magis se entiende demasiado a menudo en términos competitivos, siendo mejor que otros. Pero es un malentendido, porque competir con los demás significa que sólo hacemos lo mismo que los demás, sólo que tratamos de hacerlo mejor. La competencia no es sin embargo creatividad, porque está “por debajo del Reino”, está obligada por las normas existentes, más que por la novedad del Reino.

Podemos preguntarnos: ¿En qué medida están nuestras escuelas inspiradas por la competencia?, ¿Hasta qué punto estamos limitados por nuestra aspiración a ser tan buenos o mejores que otros colegios? ¿Y hasta qué punto estamos movidos por la creatividad del Reino para trascender las expectativas de otros, para iniciar la visión de Jesús de un nuevo cielo y una nueva tierra? ¿Cómo es la creatividad del Reino que se promueve en nuestras instituciones?

10. DISCERNIMIENTO SOBRE EL FUTURO DE LAS INSTITUCIONES: Uno de los énfasis un tanto inesperados en el informe De statu del P. General era que los jesuitas parecen estar sobrecargados de trabajo. Según señaló, este fue sorprendentemente un tema recurrente en muchos informes de los procuradores. El problema es que los jesuitas con exceso de trabajo no puede responder con profundidad y creatividad a lo que la Iglesia espera de nosotros.

¿Qué es la causa de este estado de cosas? Varias veces en su De Statu, y muchas veces a lo largo de los debates de la Congregación, el principal problema identificado es la negativa de los jesuitas de ser realistas acerca del número de instituciones y obras apostólicas de las que son responsables. Este es esencialmente el problema de un pobre discernimiento. Los jesuitas sabemos cómo empezar las obras, pero permanecemos demasiado apegados a ellas; no sabemos cómo ni cuándo confiarlas a otros que puedan hacerlas prosperar mejor que nosotros. De este modo, tanto en su De Statu como en su alocución final, el P. General insistió en que uno de los retos más importantes hoy para la Compañía es discernir sobre el futuro de nuestras instituciones, o quizá más exactamente, sobre el compromiso de la Compañía con todas sus instituciones actuales.

Como dijo un jesuita, las instituciones son importantes porque encarnan el espíritu de San Ignacio, pero el problema hoy para la Compañía es, que con nuestros reducidos números, y muchos nuevos desafíos a los que responder, no hay espíritu suficiente para animar todo lo encarnado antes. Al final, el P. General nos llamó a un “discernimiento delicado pero firme, que determina lo que podemos hacer bastante bien hoy con los recursos y los números que tenemos.” En su discurso final, el P. General añadió que este discernimiento requerirá una creatividad que reconoce la bendición de las diversas formas de colaboración y diversos niveles de implicación jesuita y de compromiso con las instituciones.

Este es sin duda un punto que nos toca a muchos de los que estamos aquí, porque los colegios  constituyen el mayor compromiso institucional de la Compañía de Jesús. Un discernimiento que probablemente tendrá que llevarse a cabo en un futuro próximo será decidir, después de una distinción hecha por la CG 35, qué instituciones podrían describirse como Ignacianas (es decir, que comparten el espíritu de los Ejercicios y la espiritualidad de Ignacio) y cuales seguirán siendo jesuitas (es decir, no sólo comparten la herencia espiritual ignaciana, sino que también comparten la comprensión de la misión de la Compañía de Jesús, e implica algún tipo de responsabilidad jesuita institucional). Me imagino que más colegios que son jesuitas pueden convertirse en ignacianos en un futuro próximo.

Tal medida podría, por supuesto, ser interpretada negativamente como el abandono por parte de la Compañía. Sin embargo, creo que puede y debe ser interpretado mucho más positivamente: como un signo de confianza y respeto por nuestros colaboradores. Los jesuitas suelen comenzar parroquias y luego entregarlas al clero diocesano, cuando se considera que son suficientemente fuertes y estables. ¿No deberíamos pensar en los colegios (sin dejar de lado las diferencias entre una parroquia y un colegio) de una manera similar?

Esta reunión podría ser un buen momento para empezar a reflexionar. ¿Cuál es la calidad del discernimiento sobre el futuro en nuestros colegios? ¿Deberíamos empezar a pensar de nosotros mismos cada vez más como ignacianos y no sólo como obras de la Compañía? ¿Qué tipo de estructuras y programas tenemos que poner en marcha para mantener una conexión con la herencia y visión de la Compañía de Jesús? ¿Qué es lo que tenemos que hacer para convencer a los jesuitas, estudiantes, padres y otros interesados de que la visión y los valores de San Ignacio inculcan una escuela para que nadie tema qué dirección futura tomará la institución?

Conclusion    

Aquí termina mi informe de Nairobi. Permitidme un breve resumen final. Mientras estábamos en Nairobi, tuve la oportunidad de hablar con un escolar de la provincia oriental de África, que comenzaba el magisterio en una de las escuelas secundarias de la provincia -la de Uganda, si no recuerdo mal. Cuando le pregunté cuántas escuelas secundarias tenía la provincia, contestó: “Cuatro”: una en Uganda, una en el sur de Sudán, y dos en Tanzania. Añadió que todas eran nuevas, de hace dos o tres años, con la excepción de una en Tanzania, que era “muy antigua.” Cuando le pregunté cuánto hacía que había sido fundada, respondió, con toda inocencia “¡en 1994!”

Quería terminar con esto para ilustrar un último punto, una realidad que experimentamos mucho en mi parte del mundo, Asia Pacífico, como parece que ocurre en África. En Asia Pacífico, tenemos lugares con colegios fuertes y establecidos, colegios “muy antiguos” que fueron fundados sin duda antes de 1994 en Australia, Hong Kong, Indonesia, Japón, Macao, Filipinas, y Taiwán. Y, sin embargo, también tenemos muchos lugares donde el apostolado educativo jesuita no se traduce en instituciones estables o programas de perfeccionamiento bien desarrollados, sino en iniciar nuevas escuelas en lugares donde, debido a la pobreza, la represión y la violencia, la educación de calidad sigue siendo una necesidad básica y un colegio jesuita puede hacer una contribución significativa para el país. En lugares como Timor Oriental, Camboya, Myanmar, Malasia Oriental, Tailandia, Micronesia, Vietnam, estamos empezando, planificando o soñando con nuevas escuelas, intimidados por grandes desafíos, entre ellos nuestra falta de recursos y de capacidad, pero también con mucha esperanza.

Digo todo esto para subrayar que el apostolado jesuita de la educación sigue siendo una forma importante de ir a las fronteras de la misión, a aquellos lugares donde, como el Papa Benedicto XVI dijo a la Congregación General 35, otros “no llegan o encuentran difícil llegar.” Que todavía se deban crear nuevas escuelas significa que la Compañía sigue creyendo que, por medio de este ministerio de la educación, todavía podemos marcar la diferencia en las vidas y el futuro de la gente y el mundo; que por medio de los colegios jesuitas, todavía se puede ayudar a traer un poco de luz y esperanza y Reino de Dios a este mundo de tinieblas. Espero que nuestras reflexiones sobre la identidad jesuita de nuestras instituciones, antiguas o nuevas, nos permitan hacer de nuestros colegios instrumentos apostólicos más eficaces, más evangélicos y más transformadores. Que San Ignacio nos ayude a vivir su espíritu más auténticamente, con más generosidad y más alegría en nuestros colegios, para que podamos contribuir a la redención y la curación de los hijos de Dios y toda la creación, para la mayor gloria de Dios