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“La sobreprotección a un hijo es tan o más nociva que un exceso de autoridad”

Publicado el jueves 3 de octubre, 2013

entrevista

El Periódico de Barcelona “La Vanguardia” realizó una entrevista a Sonia Cervantes, psicóloga española que publicó el libro ‘Vivir con un adolescente’, donde propone claves para mejorar la relación entre padres e hijos.

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Compartimos la entrevista que desarrolló el medio español:

“Sonia Cervantes se ha marcado un objetivo prioritario con su libro Vivir con un adolescente: acabar con lo que ella considera que es una continua estigmatización de los jóvenes de hoy.

vivir-con-un-adolescente_9788497546911Para la psicóloga, los principales responsables de esta generación que ha sido bautizada como la de los ni-ni (jóvenes que no estudian ni trabajan) son los educadores: padres, escuela y sociedad.

Cervantes asegura que una de las utilidades del libro es que los progenitores, o los profesionales que trabajan con adolescentes, tengan muy claro que el abordaje de esta educación no tiene que ser nunca un problema, sino una aventura. La psicóloga que participa en el programa de televisión Hermano Mayor aboga por una comunicación empática y que conecte con las emociones de los jóvenes, que huya de parámetros basados en el autoritarismo y que se sustente en estos tres pilares: tiempo, paciencia y afecto.

“Educar es formar personas aptas para gobernarse a ellas mismas”. Es una sentencia del sociólogo británico Herbert Spencer. ¿La aprueba?

-Absolutamente. El objetivo final de la educación es construir personas autónomas. Por esta razón, no tenemos que confundir educación con adoctrinamiento.

Vivimos un auge de la llamada Generación ni-ni. ¿Hacia quién hay que dirigir la mirada crítica que ha hecho posible que haya ahora mismo tantos jóvenes que han llegado a este punto?

-Tenemos la generación que hemos educado. Ellos no son responsables de ser ni-ni, es la consecuencia del momento que les ha tocado vivir: crisis de valores, crisis económica, fracaso escolar, pesimismo colectivo. El adolescente es mucho más influenciable que el adulto porque tiene poca capacidad de autocrítica. Lo que hace es absorber todo aquello que es más evidente, palpable y que es mayoritario. La Generación ni-ni no ha salido a la luz como una seta, es la sociedad la que la ha generado.

El problema lo tenemos igual…

-Sí. Por ello esta idea cobra especial importancia en la reeducación de estas personas, ya que son jóvenes que ya han sido educados. De todas formas, no me gustan estas etiquetas porque lo único que logran es que las personas interioricen este rol y no lo quieran cambiar.

Hay quién va más allá y añade un tercer “ni”. Ni tienen intención de hacerlo…

-Sí que tienen, lo que pasa es que también tenemos que despertar esta motivación.

¿Cómo?

-Lo que hace que una persona funcione no es la motivación externa, es la automotivación. Aquí entra la educación en inteligencia emocional con una visión más positiva del mundo.

¿El adolescente es rebelde por naturaleza?

-¡Afortunadamente! Me encanta la rebeldía, es más, pienso que el ser humano no hubiera evolucionado sin ciertas revoluciones, especialmente intelectuales. Si eres rebelde, eres crítico. Rebelde por naturaleza lo es alguien que está en proceso de construcción, y esto hace que sea mucho más crítico. ¡El cerebro es rebelde por naturaleza! Basta que te digan que no hagas algo para que se te genere el deseo de hacerlo. ¿No es esto una respuesta rebelde? La rebeldía no es algo negativo, ahora bien, la rebeldía unida a la falta de madurez y de autocontrol, sí que lo es.

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¿Cuándo tenemos que decir “no” a nuestros hijos?

-Cuando tú lo consideres. Evidentemente, cuando se producen ciertos comportamientos que no estás dispuesto a admitir. El ‘no’ educa. ¿Por qué? Porque transmites seguridad. Tiene que ser un ‘no’ en beneficio de algo, no el ‘no’ fascista que sale de una actitud de autoritarismo.

¿Los padres de hoy han perdido, consciente o inconscientemente, la autoridad con sus hijos?

-Los padres de hoy son hijos de una generación en la que la palabra autoridad tiene una connotación muy negativa. En este país hablar de autoridad siempre ha tenido este significado negativo. Yo hago una diferencia muy clara entre lo que es la autoridad y el autoritarismo. No seas un sargento de hierro, pero sí que tienes que poner unas normas.

Una de las cosas que odian más los adolescentes son, precisamente, las normas…

-¡Y los adultos! No lo olvidemos. No es que los adolescentes no acepten las normas, muchas veces lo que no aceptan es la manera como los padres plantean las normas y los límites, que es distinto. Puede que no lo parezca, pero ellos nos piden continuamente que los vayamos marcando y dirigiendo para que luego puedan decidir de forma autónoma.

¿Es posible una educación sin normas?

-Es muy peligrosa. Una educación sin normas lo que construye son personas incapaces de tomar decisiones.

Teniendo en cuenta que un adolescente es una persona en construcción, ¿cuáles son los síntomas que debe tener en cuenta un padre a la hora de discernir entre una conducta natural de su edad, o una actitud que puede acabar con una pérdida total del control?

-Cuando aparecen ciertos comportamientos, actitudes o emociones. Si en los padres se despierta la emoción del miedo, algo está fallando. Si a la hora de educar tienen que utilizar el autoritarismo, la agresividad o la amenaza, algo se está haciendo mal. En el momento en el que se ha perdido el respeto y tienes la sensación de que aquel hijo es una persona desconocida para ti, es que hay algún problema grave. Hay dos emociones que hacen que las relaciones sean tóxicas: el miedo y la pena. Desgraciadamente, también son las emociones más frecuentes por las cuales los padres justifican lo que hacen cuando no lo están haciendo bien.

Tiempo, paciencia y afecto. Son los tres elementos que usted más destaca a la hora de tutelar una buena educación. ¿La falta de tiempo por parte de unos padres cada vez más atareados para hacer frente a la situación económica actual es uno de los grandes contratiempos a la hora de educar?

-Lo que está fallando no es la falta de tiempo, sino la gestión del mismo. En tu agenda mental diaria debes tener dos conceptos muy claros: qué es urgente y qué es importante. Lo urgente es ahora y aquí, y lo importante es una cosa que puedes delegar para otro día. La educación de los hijos es urgente e importante. Lo que también sucede es que hay muchos padres que no disfrutan con la educación de sus hijos, la ven como un problema. No es un problema, es una aventura.

¿Cómo tenemos que hablar con nuestros hijos para que la comunicación sea lo más directa posible?

-Lo primero que debes tener presente es que el adulto eres tú y la persona inmadura y en construcción es él. Lo que hacemos muchas veces con los adolescentes es darles un discurso o un sermón desde nuestra posición de adultos, por lo que son incapaces de ponerse en nuestro lugar. Lo fundamental para una buena comunicación es la capacidad de empatizar con el otro y de conectar con sus emociones. Si conectas con sus emociones, luego podrás empezar a hablar de otras cosas. ¿Por qué ellos suelen decir que sólo los entienden los chicos o chicas de su generación? Porque son pura emoción y conectan con esas emociones.

El “es que tú no me entiendes” es una de las respuestas clásicas ante la aparición de cualquier conflicto…

-Evidentemente. El adulto siempre tiende a adoctrinar al hijo con la buena intención de que no le hagan daño y de que no le pase nada. No te preocupes que la vida ya le dará un par de sopapos y tú no lo podrás evitar. Tienes que saber escuchar antes de intervenir, ya que muchos padres se avanzan. Al fin y al cabo un adolescente lo único que quiere es ser entendido, aceptado y querido.

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¿Sobreproteger a los hijos tendrá siempre un final infeliz?

-En la mayoría de casos, sí. Es lo que ellos entienden como un padre plasta. Los hijos que están sobreprotegidos se ponen enfermos de forma más frecuente, por ponerte un ejemplo. El niño es como nuestro sistema inmunológico, es decir, de vez en cuando coge alguna infección para poder crear defensas; tú no puedes defenderlo en exceso porque el día de mañana, cuando vuelva a sufrir el problema, no tendrá herramientas para plantar cara a aquella situación. Lo estás educando en evitar el sufrimiento cuando lo deberías estar educando en cómo hacer frente a este sufrimiento. La sobreprotección a un hijo es tan o más nociva que un exceso de autoridad.

¿Los adolescentes de hoy tiran la toalla antes de tiempo comparado con otras generaciones?

-Es lo que ven, y sino pon la televisión. Si lo pueden hacer en un minuto y sentados desde el sofá, ¿para qué se tienen que esforzar? Siempre digo que puedes tirar la toalla, pero cuando esté muy sudada. ¡Es que la tiran seca! Tienen una baja tolerancia a la frustración porque los han sobreprotegido o no les han sabido decir no a tiempo. Cuando las cosas no salen como querrían, en lugar de analizar la situación, lo que hacen es tirar siempre balones fuera.

Son muchos los psicólogos que reclaman asignaturas de educación emocional en las escuelas. ¿Tardaremos mucho más en verlo?

-En el sistema educativo público diferencio al funcionario del educador. Los que son educadores, y conozco a muchos, sí que se preocupan por estos aspectos. Tienen muy claro que están educando y formando a individuos. Afortunadamente, cada vez hay más centros que están introduciendo este tipo de educación, aunque es cierto que todavía queda mucho trabajo por hacer. Si te tengo que contratar el día de mañana, me interesa más tu inteligencia emocional que tu capacidad intelectual. Si no tienes esa inteligencia emocional, cuando se produzca un conflicto no sabrás solucionarlo y no serás productivo para mi empresa. Por eso es importante que desde la primera infancia se eduque en empatía, habilidad social, autocontrol, automotivación…

¿En casa y en la escuela?

-La educación es familia, escuela y sociedad. Entiendo la educación como un trabajo de todos, no sólo de los padres o de la escuela. Cuando una persona cruza la calle ante un menor con el semáforo en rojo está educando, aunque no conozcas a ese niño de nada. Todos educamos.

¿El exceso de títulos pesa más que el control de las emociones a la hora de formarse?

-Te recomiendo el libro de Ken Robinson, El elemento. Robinson dice que no todos servimos para todo, pero que todos servimos para alguna cosa. Por eso siempre digo que es importante que hagas alguna cosa, es igual el qué, siempre y cuando intentes ser bueno en eso. Encuentra lo que te gusta y disfruta con eso. ¿Es necesario tener un título para ello? No lo sé, ¿cuánta gente tiene títulos y está en el paro?

La psicóloga Sonia Cervantes nos describe los cuatro estilos educativos con los que se encuentra en su consulta y las consecuencias que suele tener cada uno de ellos en la forma de ser de los hijos.

¿Eres un padre plasta, pasota o guay? 

Información tomada del Colegio San Ignacio de Bolivia