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Santos Jesuitas: San José de Anchieta “Misionero de misioneros”

Publicado el Jueves 8 de Junio, 2017

headerEl Papa Francisco firmó el decreto de canonización del P. José de Anchieta, SJ. el pasado 3 de abril de 2014. Dos de nuestras Instituciones tienen el nombre del poeta, escritor, lingüista que dedicó su vida a la evangelización y que además fue fundador de la ciudad de São Paulo, Brasil. Su Festividad se celebra el 9 de junio.

En aquella ocasión, el Papa recibió en audiencia al Cardenal Angelo Amato, SDB, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y haciendo uso de una de sus facultades, elevó a los altares mediante una canonización llamada “equivalente” a tres nuevos Santos. Se trata de José de Anchieta SJ, de María de la Encarnación y Francisco de Montmorency-Laval.

Es importante mencionar que San Pedro Fabro SJ, el 17 de diciembre de 2013, también fue santificado por el Papa Francisco por el mismo sistema de “canonización equivalente”.

Estatua-en-Sao-PauloJosé de Anchieta nació el 19 de marzo de 1534 en San Cristóbal de la Laguna, en la isla de Tenerife. Su padre, Juan de Anchieta, era un vasco originario de Urrestilla, Azpeitia, tierra de San Ignacio de Loyola, con cuya familia estaba emparentado. Su madre, Mencía Díaz de Clavijo, era natural de Las Palmas y descendiente de la nobleza canaria.

En 1548 José de Anchieta y su hermano partieron hacia Portugal para estudiar en la Universidad de Coimbra, regentada por la Compañía de Jesús y una de las más prestigiosas de la época. En 1550, el P. Simón Rodrígues S.J., Provincial de Portugal y uno de los primeros compañeros de San Ignacio, lo admitió en la Compañía de Jesús. Anchieta, animado por la lectura de las Cartas que enviaba Francisco Javier desde la India, deseaba ser misionero.

Misionero en Brasil

Termina el noviciado a los 19 años y, a pesar de sus problemas de salud, es destinado a las Misiones del Brasil. El 13 de julio de 1553 llegó al puerto de Bahía. Así da comienzo a una vida apostólica extraordinaria e intensa, que desarrolla en gran parte junto al P. Manuel de Nóbrega SJ, Provincial del Brasil, con quién comparte una profunda amistad.

Su primer destino fue la Capitanía de San Vicente, donde vivían la mayor parte de los jesuitas del Brasil. Ya camino de San Vicente José vive una de sus primeras aventuras. La embarcación en la que viaja sufre daños y debe refugiarse en la costa. Establecen contacto con los indígenas y, mientras dura la reparación de la nave, el joven jesuita aprovecha para aprender la lengua tupí. Aquellos días de obligada parada, mientras se acostumbra a comer los productos del lugar, pone todas sus habilidades a disposición del aprendizaje de la lengua y las costumbres de los pobladores indígenas, algo que será fundamental para toda su labor en Brasil.

El 25 de enero de 1554 formó parte del grupo de portugueses que en Piratininga fundaron la actual ciudad metrópoli de São Paulo. Allí José de Anchieta construye una maloca, una casa tradicional comunitaria destinada a ser centro misionero, que se convirtió en lugar de atención y asentamiento para los indígenas. Se les ofrecía instrucción en carpintería y artesanía, y los pequeños aprendían a leer y escribir. Por su parte, Anchieta aprendió de los indígenas técnicas curanderas, botánica y las propiedades de las plantas, que empieza a utilizar tanto para uso medicinal como para obtener fibras para fabricar alpargatas y piezas artesanales. También anima la construcción de casas de barro y ladrillo.

Poeta, escritor y lingüista

Rápidamente llega a dominar la lengua indígena. Prepara la primera gramática de la lengua tupí, que servirá para el aprendizaje de la misma por parte de sus compañeros y que constituye una gran aportación, con la que se convierte en “misionero de misioneros”. Se le atribuye también la creación y traducción de tres catecismos y otras obras sobre la realidad del país y de los pueblos indígenas. Anchieta es también poeta y dramaturgo, y escribió en latín, español, portugués y tupí. La Academia Brasileña de Letras y el Instituto Histórico y Geográfico Brasileño le consideran entre las grandes figuras de la cultura del Brasil.

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Mediador por la paz

En abril de 1563 emprende, junto al provincial jesuita P. Manuel de Nóbrega SJ, una expedición para preservar la paz con la federación de los indios tamoios. Nóbrega y Anchieta se internan en terreno indio y se presentan en Iperui, donde vive el principal cacique tamoio: Caoquira. Lo vivido por los dos compañeros jesuitas en aquel tiempo entre los tamoios es una historia llena de esfuerzos de diálogo, peligros y amenazas, aprendizaje y santidad. Todos los intentos acabaron fracasando, pero Anchieta se lleva de su tiempo con los tamoios el Poema a la Virgen, escrito sobre la arena de la playa y memorizado por él mismo, y la admiración y amistad de algunos de los más importantes caciques. Será el propio Cuñanbebe, uno de los más aguerridos jefes indígenas, el que lo devuelva a San Vicente después de varios meses de cautiverio.

Padre-Jose-de-AnchietaPoco después se desplaza a la bahía de Guanabara donde los franceses, aliados con los tamoios, se hacen fuertes contra los portugueses. Durante las batallas, Anchieta no para de atender a heridos de ambos bandos.

José de Anchieta se convirtió en un defensor de los derechos de los aborígenes y mestizos, y predicó contra las cacerías de indios y el mercado de esclavos. En 1566 es ordenado sacerdote y vuelve a Río donde ya se ha fundado la misión de San Sebastián. Allí, junto a Nóbrega, que por entonces es un anciano, Anchieta funda un colegio.

En 1577 fue nombrado Provincial y, a lo largo de ocho años, recorrió repetidas veces el inmenso territorio de su país. La atención y auxilio de enfermos y moribundos fue una de sus grandes preocupaciones. Siendo Provincial envía al Paraguay a los primeros misioneros que formarán el núcleo original de la famosas Reducciones.

Murió el 9 de junio de 1597 en Reritinga, hoy ciudad Anchieta en su honor. El pueblo y la Iglesia del Brasil lo han considerado siempre como su gran evangelizador. El 22 de junio de 1980 fue beatificado por el Papa Juan Pablo II y el 3 de abril de 2014 fue nombrado Santo por el Papa Francisco.

Fuente: Jesuitas BrasilPeriodista Digital